Sexología: paradoja de sujeción. Reflexiones a partir del texto de Oscar Guasch “Para una sociología de la sexología”

12 05 2008

La impresión tanto del sentido común como de los datos historiográficos socio culturales y disciplinares, permiten plantear que la sexualidad femenina hoy tiene un estatuto particular, propio, que no es el mismo de otros períodos históricos.
Hoy se la puede leer en la historia del XX, plasmada de una serie de hitos y procesos que cambiaron nuestra forma de vivir y pensar la sexualidad. Puede pensarse que estos procesos son en relación a la historia de un siglo XIX cargado de represiones con respecto a la sexualidad en general – al menos a la sexualidad visible que no cumpliera con ciertas normativas de tipo moral, legal y científica: reproductiva, heterosexual, dentro del matrimonio- .
Es posible plantear así, que el siglo XX es vivenciado por la sociedad como cargado de hitos tanto culturales generales como disciplinarios que “destapan” el tema sexual y permiten que la dimensión sexual para el género femenino pueda desligarse parcialmente de la función reproductiva y no sólo pensar, sino decir y actuar su sexualidad como espacio propio, como espacio propio de placer.
Ahora, debemos ser cuidadosos en la interpretación de estos procesos, en tanto cuando estamos inmiscuidos en los procesos sociales que estudiamos siempre es complejo no ver todo un aspecto del entramado que se puede mantener casi igual pero con otro disfraz, con otras ropas. En otras palabras: “los payasos cambian, pero el circo sigue”.
Así, la visión que impera hoy respecto al ejercicio de la sexualidad femenina hasta mediados del siglo XX, esto es, hasta que se comenzaran a plasmar en el ejercicio cotidiano ordinario toda una consecuencia de hitos históricos es que la sexualidad femenina se encontraba postergada de modo importante, sujetada a la satisfacción de la pareja masculina (amorosa o laboral), sujetada a una serie de mandatos sociales internalizados que tendían a estimular el temor a lo erótico y al placer en la mujer, promoviendo con ello el miedo, el ocultamiento, la vergüenza y la ignorancia hacia toda una dimensión de su sexualidad. Como plantea Carrasco (2001) las mujeres tendieron a ajustarse a un estereotipo rígido y asfixiante que las encorsetaba en un rol pasivo y sumiso, al servicio del hombre, en donde se hacía desaparecer cualquier indicio de individualidad, autonomía o iniciativa.
Algunos de estos mandatos (Ortega, R. 2008):
- Sexualidad como expresión de la afectividad, como expresión del amor hacia otros, sin tomar en cuenta el disfrute propio. Una conducta sexual femenina “mariana”, sacrificada al servicio de otros, maternal. Esto es, la sexualidad no emplazaba un espacio en si mismo, sino que era ejercida como afecto para el afecto.
- Sexualidad al servicio del goce del otro.
- Vivencia sexual sin placer erótico, imperando la función sexualreproductiva.
- El cuerpo vivido como ajeno, donde otro lo descubre.
- El coito como forma sublime de entrega afectiva. Sexualidad como vínculo afectivo para el otro, conducta amorosa, no erótica.
- La conducta sexual dividida: placer-erotismo/ procreativa.
A partir de los años 50, los movimientos sociales y sus discursos sobre la liberación, potenciaron la consolidación de los movimientos feministas que luchaban por los derechos básicos de las mujeres. Esto, junto con abrirle paso a las mujeres a la sociedad, afectó directamente sobre su sexualidad.
Se suceden numerosos cambios que van a afectar una crítica sobre estos mandatos y el cómo vivenciamos nuestra sexualidad:
- La mujer comienza a acceder paulatinamente al mercado laboral, lo que conlleva a que ésta, poco a poco vaya adquiriendo una mayor libertad e independencia. Importancia de las grandes guerras en este fenómeno.
- Paralelo a esto, gracias al progreso tecnológico de la época, y a la lucha incansable de mujeres como Margaret Sanger, Marie Stope y Rama Rau se da paso a la planificación sexual, mediante el uso de métodos anticonceptivos. Este hecho puede considerarse crucial, pues marca un giro en la vida de las mujeres del mundo entero. (Lerer,1986). “Se inició un desesperado rescate del rol femenino en todos los ámbitos, en lo público y lo privado, y las mujeres empezaron -por primera vez- a hablar de su sexualidad”. (Politzer, P; Weinstein E; 1999, pág 27).
- Revoluciones de los años 60, que van desde la vestimenta hasta planteamientos intelectuales, derechos civiles, etc. La mujer se empodera ahora también en áreas intelectuales y espacios públicos. Tomarse la universidad y tomarse la píldora, el estilo de vida en comunidad, movimientos femeninos y sacerdotales jesuitas. Se cuestionan los roles establecidos en todas las dimensiones de la institucionalidad social, incluido lo sexual.
- Desarrollos disciplinares:
1953 El Informe Kinsey también se convirtió en todo un hito. A partir de entrevistas realizadas cara a cara a más de doce mil mujeres, Alfred Kinsey intentó describir el comportamiento sexual femenino, tratando de evitar todo juicio moral o médico en sus especificaciones de la conducta sexual humana. (Politzer, P.; Weinstein E; 1999).
1976 Shere Hite, por medio de los resultados obtenidos a través de cuestionarios, va aún más allá. Su intención era descubrir cómo 3.000 mujeres, de entre 14 y 60 años, veían su propia sexualidad. Con respecto a esto, en la introducción de su libro señala: “Lo que los cuestionarios han pretendido hacer es preguntar a las mujeres mismas que sienten, qué es lo que les gusta, y que opinan del sexo… Se realizó un gran esfuerzo para lograr que fueran a parar a manos de muchas y distintas clases de mujeres, para conseguir también muchos y diferentes puntos de vista”.(Hite, 1976)

Todos estos cambios y acercamientos a la sexualidad femenina aportaron al conocimiento que se tenía sobre ésta, dándole pie a las mujeres, tanto a poder tomar contacto con su cuerpo y a poder sentirse libres para dar cuenta de sus anhelos y deseos, como a buscar y experimentar placer y satisfacción en sus relaciones sexuales.
Actualmente, los estudios sobre sexualidad tanto femenina como masculina hacen hincapié en la existencia de elementos diferenciadores entre sí. Carrasco (2001) plantea que el largo tiempo que se usó el funcionamiento sexual del varón como el patrón regulador de conducta, trajo como consecuencia una visión de la sexualidad femenina más empobrecida y disfuncional.
La sexualidad femenina debe entenderse como una experiencia crucial de la mujer, en la que se juegan procesos que van más allá de los componentes biológicos de reproducción. Se desarrolla un fuerte enlace entre lo cultural y lo psicológico. En este sentido, la mujer incorpora significados y sentidos culturales y junto con ello despliega elementos propios de su personalidad, identidad e historia de vida. De este modo, la sexualidad y la identidad sexual movilizan en la mujer aspectos ligados a su más profunda constitución como ser humano, elementos que hacen alusión al amor y a la afectividad.
Al respecto compartimos con Zapiain que “La sexualidad es una dimensión más rica y compleja que no se limita a la función reproductora, ni siquiera a la complementaria de búsqueda de placer en la actividad sexual coital. La sexualidad es, en la especie humana, una de las expresiones de necesidad de contacto y vinculación”. (Gómez Zapiain, J; 1997; pág. 34).

Desarrollo de la Sexología: una visión sociológica.
La teoría general del sexo e investigación al respecto queda en la época contemporánea mayormente en manos de la medicina, psiquiatría, disciplinas psi primero y de sexología después.
Como refiere Guasch, toda sociedad regula la actividad sexual, el sexo es una actividad social. “Tiene normas de cortesía y etiquita, se le prescriben y proscriben espacios, tiempos, modos y maneras. Las conductas sexuales son conductas sociales. En cierto modo hablar sobre sexo es hablar sobre control social. Es por esto que se hace relevante una revisión critica no solo de las conductas y disidencias sexuales en occidente, sino también de las disciplinas que lo abordan y de algún modo al organizar normalizan.” Es por esto central revisar y cuestionar los distintos medios a través de los cuales en occidente se organiza el control social de la actividad sexual.

Siglo XIX: Medicalizacion del sexo.
Tras el cuestionamiento de la ilustración y la destitución de antiguas legitimidades del control social tras la revolución, la ciencia positiva y la medicina del siglo XIX ofrecen a la burguesía una nueva legitimidad para el control social de lo anormal o disidente. El siglo XIX contempla el final del proceso a través del cual el endemoniado se convierte en loco. El criminal se convierte en enfermo, el obrero en desequilibrado y el sodomita en perverso.
Frente a la crisis de la legitimidad religiosa para el control social, la medicina gesta una nueva legitimidad. En adelante las disidencias sexuales son, además de pecado y delito, y atentados contra el pudor, un problema de salud.
El modelo de la normalidad sexual a lo largo del siglo XIX es un modelo:
- Heterosexual
- Reproductivo
- Moral, utilizando argumentos presuntamente científicos para condenar las disidencias sexuales.
La herencia de este modelo a lo largo del siglo XX hasta los años sesenta, aunque ya después de la II Guerra mundial se inicia un proceso de cambio en el discurso médico respecto de las disidencias sexuales. La herencia de trabajos de Reich, Kinsey, entre otras, están a la base d este proceso.
Es cuando plantea Guasch que el control social que ejerce la medicina, ciencia de la salud, se adapta a los tiempos y se pretende cada vez mas humano. Gradualmente los disidentes sexuales comienzan a tener derechos: “repugnan como los leprosos, pero como con ellos se puede ejercer la caridad”. “Como plantea Foucault la existencia de controles sobre las disidencias sexuales permite la aparición de ademanes de rechazo a esos controles. Tales gestos de rechazo, momentáneos y puntuales, son impulsados sobretodo por los movimientos reivindicativos de los disidentes llamados homosexuales y pueden encontrarse en diferentes momentos históricos. Como sea, el discurso medico condena las disidencias sexuales, o mejor dicho, convierte en disidencias las practicas sexuales no reproductivas y/o no heterosexuales.”
Sexologia y control social de la actividad sexual:
Antes de la revolución francesa la sociedad legitima la normalidad sexual , organizando lo bueno, deseable, sano y malsano a través del discurso religioso. Se definen las normas sexuales a partir de la noción contra natura. Toda actividad sexual no reproductiva era un atentado contra la naturaleza, y un pecado. Además habían algunas actividades que eran delito, como el adulterio y homosexualidad.
El cristianismo define los pecados como la medicina los atentados contra la moral, pudor, y caracteriza médicamente a quienes los cometen..
Se deja de ser pecador para convertirse en enfermo, situación que se prolonga como ya señalé hasta mediados del siglo XX. Momento histórico en que vuelven a entrar en crisis los modelos clásicos imperantes de control social de la sexualidad, con lo que aparecen otros modelos que pueden operar y ejercer el control de modo diferente, mas sutil, y puede esperarse que con un tinte, al menos aparentemente, libertario. Por ejemplo el caso de la sexología.
La sexología se plantea como la ciencia de la sexualidad, disciplina que recoge la herencia de diversos campos científicos, de la ciencias de la salud y de la conducta.
Autores, como Guasch, han planteado que su función manifiesta es el estudio de la sexualidad, mientras que la latente es similar a la religiosa y médica: dar normas al sexo, poner fronteras, delimitar lo correcto e incorrecto. Sería una nueva forma, mas sutil, menos burda, de organizar el control social de la sexualidad.
Parte de la medicina del siglo XIX origina lo que se denomina la PROTOSEXOLOGIA que se ocupa principalmente de organizar la salud sexual con el fin de garantizar la reproducción. Su preocupación son las ETS, embarazos, abortos, y disidentes. Control y tratamiento.
Tras los trabajos de Master y Johnosn la nueva preocupación central de la sexología es el orgasmo., y la eliminación de cualquier problema – disfunción- que impida lograrlo.
En el contexto del momento de la llamada revolución sexual, con las condiciones socio históricas de la década de los sesenta, el modelo de sexo ideal definido por la medicina entra en crisis: las sociedades occidentales democráticas, algunos de los enfermos, como los homosexuales se organizan y afirman no serlo, la extensión de nuevas técnicas contraceptivas que liberan el sexo de la procreación, y la reivindicación del libre ejercicio sexual como instrumento de liberación social.
Así, la nueva disciplina que se dedica al estudio de la sexualidad, la sexología, se fija en las normas para el acceso al placer. Se plantea la sexualidad como una actividad necesaria para el descubrimiento y disfrute del sexo. Llegando la salud sexual en la ultima mitad del siglo XX se concibe como el derecho al placer, como aptitud para disfrutar. “¿el sexo por fin ha sido liberado?”, se pregunta el autor. “Con estilo diferente el control permanece” responde, en tanto la sexología:
- Define una sexualidad coitocentirca, genital y centrada en penetración. También se centra en la pareja.
- Se interpreta la sexualidad femenina en términos masculinos.
De la sexualidad pasiva de la mujer se pasa a una sexualidad femenina activa y masculinizada que debe reproducir los esquemas culturales atribuidos a la sexualidad masculina. Estos rasgos culturales atribuyen ala hombre una disposición constante a mantener (CONSUMIR) relaciones sexuales.
- Se condenan las disidencias sexuales
Este análisis de la institucionalización de la sexología puede relacionarse hoy con la problemática de la sujeción a nuevos mandatos en lo relativo a la dimensión sexual, el placer y disfrute. Y sin darnos cuenta puede llevarnos a alejarnos nuevamente, o desde otro ángulo del espacio de sexualidad como espacio de autoconocimiento, y de contacto y construcción de uno mismo.

Bibliografía:
Guasch, O. (1993):
“Para una Sociología de la Sexualidad”. En REIS (Revista Española de Investigaciones Sociológicas), nº 64, octubre-diciembre de 1993.

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Un comentario

15 05 2008
michelle g.

gracias por esta página. Podrian poner algo como un foro para que podamos opinar pero q se lea mas.
Me encanto lo que escribieron de don juan…bueno, esta todo bueno

michelle

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