Sobre músculos y amor.

1 06 2008

Lectura de “Corazones” (coeurs), de Alain Resnais (2006), inspirada en la pieza teatral de Alan Ayckbourm. Ganadora de carios premios, entre ellos al mejor Director en el Festival de Venecia.

Ultra síntesis: La cinta recorre la búsqueda de seis personajes, en parís. Pero podría ser en la quebrada del ají. ¿búsqueda de qué? ¿des/encuentros de qué? 6 de corazones.

Sin introducciones. Había cosas pésimas de la película. Al menos para mi, el nombre, su sonoridad, por que después la significación emerge muy bien; donde está el corazón cuando hablamos de amor, de sentimientos? Creo que no solo en el musculo corazón. Donde está el hogar? No necesariamente en la casa habitación? Dónde está lo sexual, no necesariamente en la función ni en el genital.

Claro que también todo está en la lectura. En fin. La mía es la que sigue. Como esta película trata en el acto de habitar el cuerpo de una casa, de una habitación y sentirla hogar en tanto sana, buena, refugio. Cuando como defensa se extrema, se rompe. Como aquellos dos novios no lograban caber en ningún departamento, como ninguno se ajustaba o lograba poder dar cabida a todas sus necesidades y fantasías: una replica de su relación. El gesto del hijo haciendo la maleta con los recuerdos de su padre, tan pequeñamente gigantes que parecen que no caben. Como él, el otro, no podía dejar ocurrir el cambio si no era apegándose a lo mas conocido, su bar. Llegar a vivir en su refugio, el alcohol. Como en el momento en que dan y gollisi quieren moverse y negar deben intentar negar su historia cambiando su nombre, pero este debe volver, lo hacen develar para integrar y arrastrar este pasado que sentían que los detenía, pero que no pueden dejar de llevar, por que ese nombre, esa historia es su hogar, es donde habitan. Los corredores a través de los cuales se hilan las historias y gestos de cada personaje, que son un poco todos nuestros. Ese poder respecto del habitar. Esta perversidad de querer controlar, ya sea controlando provocando el impulso sexual de otro desamparado, desventajado, ya sea eligiendo, vendiendo la casa con la ilusión del hogar. Aunque las cortinas de nieve – hay cortinas de nieve ente escena y escena y no es una figura literaria que utilice yo, sino una aberración de dirección fotográfica de la película – son horrorosas entre escena y escena, así como la tipografía de la presentación, la maravilla del gesto cotidiano, conmovedor , la película nos da la oportunidad de mirarnos y mirar a nuestro alrededor. De cómo, por ejemplo, nos equivocamos o confundíos con facilidad. Buscamos casa cuando lo que queremos es un hogar, de cómo por ejemplo, podemos “fallar” en el sexo cuando lo tenemos buscando cariño, comprensión, seguridad.

En cartelera en: http://www.normandie.cl/





LA INFIDELIDAD

30 05 2008

“¿…Prometes serle fiel, en la prosperidad y en la pobreza, en salud y en enfermedad, para amarla (o) y respetarla (o) hasta que la muerte los separe?

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La palabra pareja viene del latín “pariculam”, que a su vez, viene de “par”, que significa “igual” o “dos”. “Pareja” sería entendida como un conjunto de dos cosas.
Al hablar de una relación de pareja, entendemos entonces que estamos hablando de una relación entre dos personas. Es en esta díada donde se crea un vínculo estrecho y especial, donde empleamos un “nosotros” al nacer la idea de unidad, de ser uno…. el uno para el otro.
En una relación de pareja la confianza en el otro parece ser la piedra angular. Confiar implica creer plenamente en el otro, y esto nos brinda la sensación de seguridad, tranquilidad y armonía dentro de una relación.
El concepto de fidelidad-infidelidad varía enormemente de una pareja a otra. Cada pareja comparte dentro de su relación un mismo entendimiento en cuanto a lo que ellos consideran ser fieles.
El psiquiatra y terapeuta familiar Frank Pitmann plantea que el término debería reservarse para referirse solamente a una relación sexual fuera de un vínculo monógamo. Sin embargo, es fundamental tener presente que lo que se entiende por infidelidad difiere enormemente entre una pareja y otra. En este sentido, según cada pareja, ser infiel puede ser por ejemplo tener relaciones sexuales con otra persona, salir a cenar con alguien, dar un beso, o simplemente fantasear con otro (a) ajeno a la relación.
Sea cual fuere el convenio de monogamia establecido por ambos, el tema primordial acá es que la infidelidad dentro de una pareja es vivida como un ataque al cimiento que sostiene la relación: la confianza en el otro.
Podríamos pensar en numerosas etiologías de la infidelidad, diversas corrientes de la psicología han teorizado sobre posibles causas. En general, muchas ocasiones la existencia de una infidelidad está dando cuenta de un sistema que está en desequilibrio. Es así como una infidelidad puede llegar a servir como un medio para comunicar que algo anda mal, entendiéndola entonces como el síntoma de que algo no está funcionando adecuadamente en la pareja. La infidelidad puede pasar a ser por tanto un medio (finalmente poco efectivo) para negar o evitar esta situación.

Pittman plantea que existirían diversos tipos de infidelidad:
- La infidelidad accidental: Se refiere al comúnmente llamado “desliz”.
- La infidelidad romántica: Se refiere a la creencia de haber encontrado a una persona maravillosa justo en un momento de crisis personal o crisis del ciclo vital. La relación extramarital sirve como recurso para salir de la monotonía y de la depresión y le permite volver a sentirse vivo (a).
- La infidelidad del mujeriego: *** léase abajo, el artículo de Don Juan y su (s) mujer (es).

Sea cual sea el tipo, en la mayoría de los casos está implicada la mentira, el ocultamiento, el cinismo. Se viola un acuerdo, se transgrede un compromiso, lo que en conjunto se estableció como permitido y prohibido, adecuado e inadecuado, y como en la pareja este tipo de reglas son fundamentales ya que cumplen la función de regulación de la relación, su violación lleva grandes implicancias, como por ejemplo, la ruptura de la relación.
Algunas de la parejas que no optan por la ruptura, muchas veces (y luego de un tiempo) deciden darse otra oportunidad, para lo que resuelven, por ejemplo, asistir a un especialista.
Las terapias de pareja son efectivas y pueden tener un buen pronóstico. Aquí el foco está puesto en el restablecimiento del respeto y de la confianza, pero es necesario trabajar previamente el reconocimiento de la responsabilidad individual y el perdón (entre otros).

-
No podemos afirmar que se puede llegar a evitar una infidelidad pero sí es claro que existe la posibilidad de que nos movilicemos en pro de mejorar nuestra relación, para lo que es fundamental establecer cierto grado de independencia y autonomía entre los miembros, manteniendo una comunicación efectiva y una escucha empática y renovando cada cierto tiempo los acuerdos y consensos que ambos consideren básicos y necesarios al estar en pareja.





ILUSTRACIÓN GRÁFICA DE UN CLÍTORIS

28 05 2008





Sexología: paradoja de sujeción. Reflexiones a partir del texto de Oscar Guasch “Para una sociología de la sexología”

27 05 2008

La impresión tanto del sentido común como de los datos historiográficos socio culturales y disciplinares, permiten plantear que la sexualidad femenina hoy tiene un estatuto particular, propio, que no es el mismo de otros períodos históricos.
Hoy se la puede leer en la historia del XX, plasmada de una serie de hitos y procesos que cambiaron nuestra forma de vivir y pensar la sexualidad. Puede pensarse que estos procesos son en relación a la historia de un siglo XIX cargado de represiones con respecto a la sexualidad en general – al menos a la sexualidad visible que no cumpliera con ciertas normativas de tipo moral, legal y científica: reproductiva, heterosexual, dentro del matrimonio- .
Es posible plantear así, que el siglo XX es vivenciado por la sociedad como cargado de hitos tanto culturales generales como disciplinarios que “destapan” el tema sexual y permiten que la dimensión sexual para el género femenino pueda desligarse parcialmente de la función reproductiva y no sólo pensar, sino decir y actuar su sexualidad como espacio propio, como espacio propio de placer.
Ahora, debemos ser cuidadosos en la interpretación de estos procesos, en tanto cuando estamos inmiscuidos en los procesos sociales que estudiamos siempre es complejo no ver todo un aspecto del entramado que se puede mantener casi igual pero con otro disfraz, con otras ropas. En otras palabras: “los payasos cambian, pero el circo sigue”.
Así, la visión que impera hoy respecto al ejercicio de la sexualidad femenina hasta mediados del siglo XX, esto es, hasta que se comenzaran a plasmar en el ejercicio cotidiano ordinario toda una consecuencia de hitos históricos es que la sexualidad femenina se encontraba postergada de modo importante, sujetada a la satisfacción de la pareja masculina (amorosa o laboral), sujetada a una serie de mandatos sociales internalizados que tendían a estimular el temor a lo erótico y al placer en la mujer, promoviendo con ello el miedo, el ocultamiento, la vergüenza y la ignorancia hacia toda una dimensión de su sexualidad. Como plantea Carrasco (2001) las mujeres tendieron a ajustarse a un estereotipo rígido y asfixiante que las encorsetaba en un rol pasivo y sumiso, al servicio del hombre, en donde se hacía desaparecer cualquier indicio de individualidad, autonomía o iniciativa.
Algunos de estos mandatos (Ortega, R. 2008): Leer el resto de esta entrada »





Sexología: paradoja de sujeción. Reflexiones a partir del texto de Oscar Guasch “Para una sociología de la sexología”

12 05 2008

La impresión tanto del sentido común como de los datos historiográficos socio culturales y disciplinares, permiten plantear que la sexualidad femenina hoy tiene un estatuto particular, propio, que no es el mismo de otros períodos históricos.
Hoy se la puede leer en la historia del XX, plasmada de una serie de hitos y procesos que cambiaron nuestra forma de vivir y pensar la sexualidad. Puede pensarse que estos procesos son en relación a la historia de un siglo XIX cargado de represiones con respecto a la sexualidad en general – al menos a la sexualidad visible que no cumpliera con ciertas normativas de tipo moral, legal y científica: reproductiva, heterosexual, dentro del matrimonio- .
Es posible plantear así, que el siglo XX es vivenciado por la sociedad como cargado de hitos tanto culturales generales como disciplinarios que “destapan” el tema sexual y permiten que la dimensión sexual para el género femenino pueda desligarse parcialmente de la función reproductiva y no sólo pensar, sino decir y actuar su sexualidad como espacio propio, como espacio propio de placer.
Ahora, debemos ser cuidadosos en la interpretación de estos procesos, en tanto cuando estamos inmiscuidos en los procesos sociales que estudiamos siempre es complejo no ver todo un aspecto del entramado que se puede mantener casi igual pero con otro disfraz, con otras ropas. En otras palabras: “los payasos cambian, pero el circo sigue”.
Así, la visión que impera hoy respecto al ejercicio de la sexualidad femenina hasta mediados del siglo XX, esto es, hasta que se comenzaran a plasmar en el ejercicio cotidiano ordinario toda una consecuencia de hitos históricos es que la sexualidad femenina se encontraba postergada de modo importante, sujetada a la satisfacción de la pareja masculina (amorosa o laboral), sujetada a una serie de mandatos sociales internalizados que tendían a estimular el temor a lo erótico y al placer en la mujer, promoviendo con ello el miedo, el ocultamiento, la vergüenza y la ignorancia hacia toda una dimensión de su sexualidad. Como plantea Carrasco (2001) las mujeres tendieron a ajustarse a un estereotipo rígido y asfixiante que las encorsetaba en un rol pasivo y sumiso, al servicio del hombre, en donde se hacía desaparecer cualquier indicio de individualidad, autonomía o iniciativa.
Algunos de estos mandatos (Ortega, R. 2008):
- Sexualidad como expresión de la afectividad, como expresión del amor hacia otros, sin tomar en cuenta el disfrute propio. Una conducta sexual femenina “mariana”, sacrificada al servicio de otros, maternal. Esto es, la sexualidad no emplazaba un espacio en si mismo, sino que era ejercida como afecto para el afecto.
- Sexualidad al servicio del goce del otro.
- Vivencia sexual sin placer erótico, imperando la función sexualreproductiva.
- El cuerpo vivido como ajeno, donde otro lo descubre.
- El coito como forma sublime de entrega afectiva. Sexualidad como vínculo afectivo para el otro, conducta amorosa, no erótica.
- La conducta sexual dividida: placer-erotismo/ procreativa.
A partir de los años 50, los movimientos sociales y sus discursos sobre la liberación, potenciaron la consolidación de los movimientos feministas que luchaban por los derechos básicos de las mujeres. Esto, junto con abrirle paso a las mujeres a la sociedad, afectó directamente sobre su sexualidad.
Se suceden numerosos cambios que van a afectar una crítica sobre estos mandatos y el cómo vivenciamos nuestra sexualidad:
- La mujer comienza a acceder paulatinamente al mercado laboral, lo que conlleva a que ésta, poco a poco vaya adquiriendo una mayor libertad e independencia. Importancia de las grandes guerras en este fenómeno.
- Paralelo a esto, gracias al progreso tecnológico de la época, y a la lucha incansable de mujeres como Margaret Sanger, Marie Stope y Rama Rau se da paso a la planificación sexual, mediante el uso de métodos anticonceptivos. Este hecho puede considerarse crucial, pues marca un giro en la vida de las mujeres del mundo entero. (Lerer,1986). “Se inició un desesperado rescate del rol femenino en todos los ámbitos, en lo público y lo privado, y las mujeres empezaron -por primera vez- a hablar de su sexualidad”. (Politzer, P; Weinstein E; 1999, pág 27).
- Revoluciones de los años 60, que van desde la vestimenta hasta planteamientos intelectuales, derechos civiles, etc. La mujer se empodera ahora también en áreas intelectuales y espacios públicos. Tomarse la universidad y tomarse la píldora, el estilo de vida en comunidad, movimientos femeninos y sacerdotales jesuitas. Se cuestionan los roles establecidos en todas las dimensiones de la institucionalidad social, incluido lo sexual.
- Desarrollos disciplinares:
1953 El Informe Kinsey también se convirtió en todo un hito. A partir de entrevistas realizadas cara a cara a más de doce mil mujeres, Alfred Kinsey intentó describir el comportamiento sexual femenino, tratando de evitar todo juicio moral o médico en sus especificaciones de la conducta sexual humana. (Politzer, P.; Weinstein E; 1999).
1976 Shere Hite, por medio de los resultados obtenidos a través de cuestionarios, va aún más allá. Su intención era descubrir cómo 3.000 mujeres, de entre 14 y 60 años, veían su propia sexualidad. Con respecto a esto, en la introducción de su libro señala: “Lo que los cuestionarios han pretendido hacer es preguntar a las mujeres mismas que sienten, qué es lo que les gusta, y que opinan del sexo… Se realizó un gran esfuerzo para lograr que fueran a parar a manos de muchas y distintas clases de mujeres, para conseguir también muchos y diferentes puntos de vista”.(Hite, 1976)

Todos estos cambios y acercamientos a la sexualidad femenina aportaron al conocimiento que se tenía sobre ésta, dándole pie a las mujeres, tanto a poder tomar contacto con su cuerpo y a poder sentirse libres para dar cuenta de sus anhelos y deseos, como a buscar y experimentar placer y satisfacción en sus relaciones sexuales.
Actualmente, los estudios sobre sexualidad tanto femenina como masculina hacen hincapié en la existencia de elementos diferenciadores entre sí. Carrasco (2001) plantea que el largo tiempo que se usó el funcionamiento sexual del varón como el patrón regulador de conducta, trajo como consecuencia una visión de la sexualidad femenina más empobrecida y disfuncional.
La sexualidad femenina debe entenderse como una experiencia crucial de la mujer, en la que se juegan procesos que van más allá de los componentes biológicos de reproducción. Se desarrolla un fuerte enlace entre lo cultural y lo psicológico. En este sentido, la mujer incorpora significados y sentidos culturales y junto con ello despliega elementos propios de su personalidad, identidad e historia de vida. De este modo, la sexualidad y la identidad sexual movilizan en la mujer aspectos ligados a su más profunda constitución como ser humano, elementos que hacen alusión al amor y a la afectividad.
Al respecto compartimos con Zapiain que “La sexualidad es una dimensión más rica y compleja que no se limita a la función reproductora, ni siquiera a la complementaria de búsqueda de placer en la actividad sexual coital. La sexualidad es, en la especie humana, una de las expresiones de necesidad de contacto y vinculación”. (Gómez Zapiain, J; 1997; pág. 34).

Desarrollo de la Sexología: una visión sociológica.
La teoría general del sexo e investigación al respecto queda en la época contemporánea mayormente en manos de la medicina, psiquiatría, disciplinas psi primero y de sexología después.
Como refiere Guasch, toda sociedad regula la actividad sexual, el sexo es una actividad social. “Tiene normas de cortesía y etiquita, se le prescriben y proscriben espacios, tiempos, modos y maneras. Las conductas sexuales son conductas sociales. En cierto modo hablar sobre sexo es hablar sobre control social. Es por esto que se hace relevante una revisión critica no solo de las conductas y disidencias sexuales en occidente, sino también de las disciplinas que lo abordan y de algún modo al organizar normalizan.” Es por esto central revisar y cuestionar los distintos medios a través de los cuales en occidente se organiza el control social de la actividad sexual.

Siglo XIX: Medicalizacion del sexo.
Tras el cuestionamiento de la ilustración y la destitución de antiguas legitimidades del control social tras la revolución, la ciencia positiva y la medicina del siglo XIX ofrecen a la burguesía una nueva legitimidad para el control social de lo anormal o disidente. El siglo XIX contempla el final del proceso a través del cual el endemoniado se convierte en loco. El criminal se convierte en enfermo, el obrero en desequilibrado y el sodomita en perverso.
Frente a la crisis de la legitimidad religiosa para el control social, la medicina gesta una nueva legitimidad. En adelante las disidencias sexuales son, además de pecado y delito, y atentados contra el pudor, un problema de salud.
El modelo de la normalidad sexual a lo largo del siglo XIX es un modelo:
- Heterosexual
- Reproductivo
- Moral, utilizando argumentos presuntamente científicos para condenar las disidencias sexuales.
La herencia de este modelo a lo largo del siglo XX hasta los años sesenta, aunque ya después de la II Guerra mundial se inicia un proceso de cambio en el discurso médico respecto de las disidencias sexuales. La herencia de trabajos de Reich, Kinsey, entre otras, están a la base d este proceso.
Es cuando plantea Guasch que el control social que ejerce la medicina, ciencia de la salud, se adapta a los tiempos y se pretende cada vez mas humano. Gradualmente los disidentes sexuales comienzan a tener derechos: “repugnan como los leprosos, pero como con ellos se puede ejercer la caridad”. “Como plantea Foucault la existencia de controles sobre las disidencias sexuales permite la aparición de ademanes de rechazo a esos controles. Tales gestos de rechazo, momentáneos y puntuales, son impulsados sobretodo por los movimientos reivindicativos de los disidentes llamados homosexuales y pueden encontrarse en diferentes momentos históricos. Como sea, el discurso medico condena las disidencias sexuales, o mejor dicho, convierte en disidencias las practicas sexuales no reproductivas y/o no heterosexuales.”
Sexologia y control social de la actividad sexual:
Antes de la revolución francesa la sociedad legitima la normalidad sexual , organizando lo bueno, deseable, sano y malsano a través del discurso religioso. Se definen las normas sexuales a partir de la noción contra natura. Toda actividad sexual no reproductiva era un atentado contra la naturaleza, y un pecado. Además habían algunas actividades que eran delito, como el adulterio y homosexualidad.
El cristianismo define los pecados como la medicina los atentados contra la moral, pudor, y caracteriza médicamente a quienes los cometen..
Se deja de ser pecador para convertirse en enfermo, situación que se prolonga como ya señalé hasta mediados del siglo XX. Momento histórico en que vuelven a entrar en crisis los modelos clásicos imperantes de control social de la sexualidad, con lo que aparecen otros modelos que pueden operar y ejercer el control de modo diferente, mas sutil, y puede esperarse que con un tinte, al menos aparentemente, libertario. Por ejemplo el caso de la sexología.
La sexología se plantea como la ciencia de la sexualidad, disciplina que recoge la herencia de diversos campos científicos, de la ciencias de la salud y de la conducta.
Autores, como Guasch, han planteado que su función manifiesta es el estudio de la sexualidad, mientras que la latente es similar a la religiosa y médica: dar normas al sexo, poner fronteras, delimitar lo correcto e incorrecto. Sería una nueva forma, mas sutil, menos burda, de organizar el control social de la sexualidad.
Parte de la medicina del siglo XIX origina lo que se denomina la PROTOSEXOLOGIA que se ocupa principalmente de organizar la salud sexual con el fin de garantizar la reproducción. Su preocupación son las ETS, embarazos, abortos, y disidentes. Control y tratamiento.
Tras los trabajos de Master y Johnosn la nueva preocupación central de la sexología es el orgasmo., y la eliminación de cualquier problema – disfunción- que impida lograrlo.
En el contexto del momento de la llamada revolución sexual, con las condiciones socio históricas de la década de los sesenta, el modelo de sexo ideal definido por la medicina entra en crisis: las sociedades occidentales democráticas, algunos de los enfermos, como los homosexuales se organizan y afirman no serlo, la extensión de nuevas técnicas contraceptivas que liberan el sexo de la procreación, y la reivindicación del libre ejercicio sexual como instrumento de liberación social.
Así, la nueva disciplina que se dedica al estudio de la sexualidad, la sexología, se fija en las normas para el acceso al placer. Se plantea la sexualidad como una actividad necesaria para el descubrimiento y disfrute del sexo. Llegando la salud sexual en la ultima mitad del siglo XX se concibe como el derecho al placer, como aptitud para disfrutar. “¿el sexo por fin ha sido liberado?”, se pregunta el autor. “Con estilo diferente el control permanece” responde, en tanto la sexología:
- Define una sexualidad coitocentirca, genital y centrada en penetración. También se centra en la pareja.
- Se interpreta la sexualidad femenina en términos masculinos.
De la sexualidad pasiva de la mujer se pasa a una sexualidad femenina activa y masculinizada que debe reproducir los esquemas culturales atribuidos a la sexualidad masculina. Estos rasgos culturales atribuyen ala hombre una disposición constante a mantener (CONSUMIR) relaciones sexuales.
- Se condenan las disidencias sexuales
Este análisis de la institucionalización de la sexología puede relacionarse hoy con la problemática de la sujeción a nuevos mandatos en lo relativo a la dimensión sexual, el placer y disfrute. Y sin darnos cuenta puede llevarnos a alejarnos nuevamente, o desde otro ángulo del espacio de sexualidad como espacio de autoconocimiento, y de contacto y construcción de uno mismo.

Bibliografía:
Guasch, O. (1993):
“Para una Sociología de la Sexualidad”. En REIS (Revista Española de Investigaciones Sociológicas), nº 64, octubre-diciembre de 1993.





Campaña prevención SIDA II

5 05 2008





ENTREVISTA A BEATRIZ PACHECO: SEXUALIDAD Y BIODANZA

17 04 2008

¿Se puede mejorar el disfrute y el placer? ¿Cómo recuperamos o intensificamos el deseo?¿Podemos mejorar nuestra capacidad de entrega?
Para saber cuál es el aporte que nos puede brindar la biodanza en nuestra vida sexual le preguntamos a una experta, Beatriz Pacheco A. quien nos contestó nuestra dudas desde India, en donde se encuentra capacitándose y ofreciendo talleres de diversas temáticas.

LA BIODANZA
El sistema de Biodanza fue creado por Rolando Toro, hace alrededor de 45 años. Surge a partir del principio que plantea que el primer conocimiento del mundo, anterior a la palabra, es el conocimiento por medio del movimiento, propios del cuerpo y sus emociones. La danza es, por lo tanto, un modo de ser-en-el-mundo, la expresión de la unidad orgánica del ser humano con el universo.
La propuesta de biodanza no consiste sólo en danzar, sino en activar, mediante ciertas danzas, potenciales afectivos y de comunicación que nos conecten con nosotros mismos, con el semejante y con la naturaleza. De esta manera, la biodanza propone restaurar en las personas la vinculación originaria a la especie como totalidad biológica.
El sistema de biodanza considera a la danza en el sentido de un movimiento profundo que surge desde lo más entrañable del ser humano. Es movimiento de vida, es ritmo biológico, ritmo del corazón, de la respiración, impulso de vinculación a la especie, es movimiento de intimidad. La búsqueda del despertar de nuestra dormida sensibilidad.
Existe un modo de estar ausente con toda nuestra presencia. En el acto de no mirar, de no escuchar, de no tocar al otro, lo despojamos sutilmente de su identidad. No reconocemos en él/ella a una persona; estamos con él/ella pero lo ignoramos. Esta descalificación, consciente o inconsciente, posee un sentido pavoroso que involucra todas las patologías del ego.
A diferencia de lo anterior, proponemos que lo que necesitamos para vivir es un sentimiento de intimidad, de trascendencia, de vinculación gozosa y de estimulante dicha. Es en estas necesidades, consideradas naturales, que se ha puesto el objetivo de la biodanza, sustentada en el principio que plantea que la consistencia existencial no puede provenir de una ideología, sino de una vivencia en acción.
La finalidad del sistema de biodanza es activar, a través de la danza y ejercicios de comunicación en grupo, profundas vivencias armonizadoras. Definiendo vivencia como una experiencia vivida con gran intensidad por un individuo en un lapso de tiempo “aquí-ahora” y que produce efectos emocionales, cenestésicos y vivenciales. Dicha vivencia suele ser muy placentera, y conlleva una profunda integración y armonización, acompañada habitualmente de una amplificación de la percepción, y con ella de la conciencia.

EFECTOS DE LA BIODANZA SOBRE LA VIVENCIA SEXUAL
Con la biodanza despertamos el el erotismo que, hoy en día está muy reprimidoy perturbado por ideologías doctrinas y prejuicios.
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DISMINUCION DEL DESEO SEXUAL

13 04 2008

Las disfunciones sexuales en la actualidad, son causa y/o efecto de insatisfacción para un alto porcentaje de la población. La presencia de una alteración o incomodidad en la vida sexual de las parejas, propicia grandes perturbaciones no sólo de orden relacional, sino que también de orden personal. Como consecuencia de esto, la psicología toma un rol protagónico en cuanto al descubrimiento de causas, sintomatología, efectos y consecuencias, así como también, en la prevención y tratamiento de las alteraciones en el campo de la sexualidad.
Una de las disfunciones más comunes en la población femenina es la relacionada con la disminución del deseo sexual (o deseo sexual hipoactivo). La presencia de esta disfunción implica una disminución de fantasías, intereses, encuentros, e ideas de carácter sexual que causa malestar psíquico tanto a nivel subjetivo, como intersubjetivo (DSMIV, CIE10). Pareciera ser que se nos hace más fácil pensar que a las mujeres les disminuye el deseo sexual, sin pensar que el hombre puede ser capaz de evitar o rechazar una propuesta de encuentro sexual porque no tiene “deseo”; pero cada vez se está haciendo más frecuente este motivo de consulta de parte de los varones. Es muy difícil identificar un único elemento como determinante de la disminución del deseo sexual, debido a su multicausalidad, en donde se involucran factores orgánicos, psicológicos, sociales, relacionales, educativos y evolutivos. Es innegable que el ritmo de vida que llevamos hoy en día contribuye de alguna manera al aumento de casos de personas con trastornos en el deseo. La gran cantidad de demandas que enfrentamos diariamente influyen tanto en el ámbito físico como en el psicológico. Al acumular tensión se produce un bloqueo de la capacidad de disfrutar del placer y del dejarse llevar por las sensaciones, por el momento y por la vivencia sexual. Existen diversas teorías psicológicas que explicarían la disminución del deseo:
- Derivaría de un desequilibrio dentro de la relación de pareja, que se mantendría y perpetuaría cuando están en juego dificultades en la comunicación de la pareja, ciertas pautas disfuncionales y dificultades del rol de género. (Corriente sistémica) – Constituiría principalmente un problema de coordinación a nivel personal entre los niveles fisiológicos, cognitivos y afectivos; o un problema de sincronización entre la sexualidad de uno y otro miembro de la pareja. (Verhulst y Herman). – Derivaría de factores influyentes como la ansiedad, la cólera, la culpabilidad, y la reacción ante posibles traumas sexuales (Mc Carthy). – Se originaría producto de cuatro causas como son la historia de aprendizaje (experiencias de niñez, modelos, fuentes de información, actitud de los padres hacia el tema de la sexualidad), factores físicos, factores de relación (papel del síntoma en la relación global de la pareja), y factores cognitivos (papel del nivel de conocimiento del individuo sobre la sexualidad, y de sus actitudes, creencias y pensamientos en la disfunción sexual) (LoPiccolo y Friedman).
- Se originaría, según Kaplan, porque la libido seria activamente, aunque de manera inconsciente e involuntaria, suprimida, lo que tiene sus raíces a la base de un conflicto intrapsíquico. Muchos pacientes tenderían a suprimir su deseo por medio de la evocación de pensamientos negativos, o por dejar entrometerse espontáneamente pensamientos no sexuales cuando tienen algún tipo de oportunidad sexual. Estos pensamientos funcionan del modo contrario a como funcionan las fantasías sexuales que son usadas para aumentar el deseo sexual. – Se provocaría por la existencia de una ansiedad frente al desempeño. En estos casos, el temor que puede existir frente al hecho de llegar a “fracasar” durante el acto sexual es el factor determinante, pensando en que el acto sexual sería para ellos es “medible” en términos de reconocimiento y de rendimiento. El miedo de no poder complacer y satisfacer a una mujer (o a un hombre), o bien el temor en los hombres a eyacular anticipadamente actúa como una profecía auto-cumplida. (Kaplan) – La existencia de algún tipo de sentimiento de culpa acerca del sexo y del placer también es una causa. (Kaplan)
Por último, se plantea otro posible origen en un miedo inconsciente a la intimidad y al éxito de la relación de pareja. Estas personas no le tienen miedo al placer erótico per se, su miedo inconsciente está dirigido fundamentalmente a cualquier tipo de compromiso íntimo, por lo que frente a relaciones en donde han alcanzado cierto nivel de cercanía y compromiso, realizan la misma operación de evocación de pensamientos negativos. Acá podemos pensar que este miedo a la entrega implica posiblemente también temores tales como temor a la pareja, a ser atrapados, a enamorarse y a perder la libertad, siendo probable encontrarse en algunos de estos casos con personas con un superyó muy rígido que los haga frenarse frente a la posibilidad de perder el control.
* foto de www.gettyimages.




LA CARRERA FEMENINA HACIA EL ORGASMO: ¿LLEGASTE?

5 04 2008

La sexualidad femenina tuvo durante siglos, un carácter secundario tanto en el discurso popular como en el discurso científico. Para las mujeres “lo natural” del acto sexual estaba reservado sólo para la procreación. El placer y el goce no eran considerados como fin principal de un encuentro sexual, y si llegaba a serlo para alguna, ésta se consideraba sucia, promiscua y fácil, cumpliendo cabalmente con la antítesis esperable de la madre y esposa moldeada por el varón. Se estimuló el rechazo a lo erótico y al placer, promoviendo con ello el miedo, el ocultamiento, la vergüenza y la ignorancia. La mujer reprime su deseo y apasionamiento, renunciando así a su propio cuerpo.
Muy lentamente la mujer comienza a despertar, y recién a partir de los años 50 y 60 se abre paso a las mujeres a la sociedad, lo que con el tiempo afectaría directamente sobre su sexualidad, dando pie con ello a que ésta se enmarcara en un tema de interés público y científico. La palabra orgasmo comienza a integrarse al lenguaje femenino, ya que el poder buscar y sentir placer en sus relaciones sexuales comenzó a ser visto como un derecho.
Hoy en día las mujeres conversan cada vez más sobre sexo y sexualidad. Se preocupan, investigan y se ocupan consultando especialistas cuando tienen dificultades. Pero, hay un tema que da la idea de retroceso en todo este largo camino recorrido, algo que nuevamente pareciera poner a la mujer en un rol sumiso…La obligación, y la carrera femenina por tener un orgasmo.

El orgasmo sería la última fase del modelo de respuesta sexual (precedido por el deseo y la excitación.) En las mujeres, consiste en una serie de contracciones reflejas involuntarias y rítmicas de las estructuras que comprenden la plataforma orgásmica (músculos y tejidos espesados que rodean el introito vaginal, y también alguno de los músculos pélvicos).
Pero, más allá de los términos fisiológicos, el orgasmo es una experiencia netamente subjetiva que incluye un sentimiento muy intenso de placer. El orgasmo pasa a ser un abandono de sí y una entrega profunda, como lo plantean los franceses una “petit mort” (pequeña muerte).El orgasmo es una expresión de plenitud que se siente en todo el cuerpo, que abarca la totalidad del momento. Y que conduce a un sentimiento de vitalidad y armonía. El orgasmo es único, y personal.

Pero… muchas mujeres se empeñan en lograr un orgasmo en sus relaciones sexuales, pero el fin no sería algo propio en cuanto a lograr conectarse con lo más íntimo de cada una, sino que el fin sería contestar aquellas interesantes preguntas realizadas en el acto sexual por sus parejas, tales como:

¿Te fuiste? ….¿Ya? …..¿Llegaste? ….
Convirtiendo el acto sexual en una carrera con un claro y definido objetivo.

Ahora bien, lo preocupante es que muchos de estos hombres se empeñan en que su mujer “termine” o “llegue” como un reto a ellos mismos, para tener una “misión cumplida”, y de este modo reforzar su masculinidad y virilidad.
No es difícil entender entonces, el porqué las mujeres muchas veces fingen un orgasmo, y no es difícil entender entonces el sentimiento de rabia y resentimiento que muchas mujeres sienten hacia sus parejas, y el desencadenamiento de disfunciones sexuales como la dispareunia, el vaginismo o la disminución de deseo.
¿ Qué paso con nuestra posibilidad de vivir libremente nuestra sexualidad? ¿ Cuán libres podemos ser en cuanto nuestra capacidad de tener placer es un tributo al excelente desempeño de otro? Una vez más nos entrampamos, una vez más nos hacemos prisioneras supeditando nuestra sexualidad a un otro, y respondiendo al deseo de un otro.
-
Pareciera ser entonces, que a pesar de los cambios sociales, la sexualidad femenina se mantiene más como una exigencia cognitiva que como la apropiación del placer en sí mismo, como un valor y un derecho personal*1
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Queda planteada la posibilidad de defender el derecho a tener un orgasmo cuando a cada una se le antoje, defender el derecho a tener un cuerpo para sí y no como objeto para otro, el derecho a lograr una apropiación integral de nuestro cuerpo, siendo capaz de desarrollar una sexualidad integrada e integral.
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Autoras Artículo: Paula Pérez, Andrea Florenzano
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* *(1)”El desarrollo social, una carencia no reconocida”. M. Busto (2004)
*foto en: http://www.gettyimages.com




EL ARQUETÍPICO DON JUAN… Y SU(S) MUJER(ES)

21 03 2008
Comenzar a hablar de los donjuanes se hace difícil, por la complejidad del tema en sí, porque mucho se ha escrito ya sobre ellos, pero, fundamentalmente por las diversas aristas que este tema posee. Es por esta razón que comenzamos este artículo con una invitación a escuchar una canción del cantautor español Joaquín Sabina sobre un donjuan, que incluye además, una interesante introducción de “una mujer que ama demasiado”. Para esto, les pedimos que pinchen el siguiente link, y lo abran en una nueva ventana:
“…y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño…y con todas, si es que duermes a mi lado….”
En creaciones literarias encontramos plasmada la existencia de un personaje, Don Juan, el que parece hallarse también en el inconsciente colectivo de hombres y mujeres. Enamoradizo, pendenciero, seductor, cruel, adorable, inescrupuloso, destructivo, dominante, insensible, embaucador, narciso….
Tirso de Molina, escribe su historia en el siglo de oro, “El Burlador de Sevilla y el convidado de piedra”. Desde entonces, este mítico personaje se ha re- escrito literariamente, crando cada época a su característico Don Juan, plasmándose también de un modo u otro en nuestro inconsciente.
En 1844, José Zorrilla se surte de esta historia para escribir “Don Juan Tenorio”, un truhán, libertino que presume de sus conquistas, que sin escrúpulos juega con los sentimientos de las mujeres que creen y confían en su amor. Que actúa siempre provocado por los (para él) nunca inalcanzables retos.
Es del “Don Juan” de Zorrilla al que nos referiremos, el mismo Don Juan de Marco, de la película protagonizada por Johnny Deep y Marlon Brando. Ese que al final de la obra, tiene un vuelco importante en su actuar al enamorarse de doña Inés.
En el imaginario colectivo se tiende a caracterizar a un “donjuán” por su afán incesante de conquistar y de seducir. Seducen con su energía avasalladora y su palabra determinante. En ocasiones desde la psicología se le llega a plantear como una compulsión por la seducción.
Sus relaciones se disuelven tan pronto se ha conquistado a su objetivo. La pareja contribuye simplemente a la afirmación de su yo. Apenas ellos realizan su conquista, disminuye el impulso narcisista. Ahora, esta conquista se vuelca a su dimensión de normalidad. Puede comprometerse, pero transitoriamente, porque tarde o temprano una relación seria comienza a ser percibida como amenazante. Entonces, o se adelanta al abandono, o desaparece repentinamente.
Autores como el psicólogo S. Peele, define a los donjuanes como adictos, en tanto define a la adicción como “ una experiencia nacida de la respuesta subjetiva de un individuo a algo que para él tiene un significado especial, algo que le da tanta seguridad y confianza que sin ello no puede vivir”.
Aunque mucho, repetimos, se ha escrito y reescrito sobre Don Juan, ya sea desde la literatura o desde la psicología, resulta sumamaente interesante hacer preguntas respecto a estas repeticiones, que permiten la diferencia y pensar lo general versus lo individual. Dejamos planteadas a partir de ahí las siguientes preguntas:
¿Qué se repite y qué muta entre cada re-escritura literaria del Don juan? ¿Qué se borra con el cambio de titulo del burlador de Sevilla y el convidado de piedra al Don Juan Tenorio?
¿Cómo se acerca, mezcla e hibridiza la figura de Don Juan con la de Casanova?
¿Cuál es el nombre del Don en esta obra? ¿Es lo intraducible, el nombre propio? ¿Qué rol juega el Don… el dar lo que no se tiene a quien no lo quiere, como en el amor?
Como a sus mujeres, la reflexión en torno al mito, fantasma y donesjuanes no nos invita, nos obliga.
Hablemos de la mujer de un donjuan
Un donjuán es capaz de encantarnos, conquistarnos y seducirnos. Puede descolocarnos y llevarnos a perder la cabeza. Un donjuán tiene la capacidad de decirnos justo la frase precisa y perfecta que hace que nos sintamos deseadas. Hace que olvidemos las preocupaciones y ocupaciones del día a día. Un donjuán nos despierta el deseo. Nos activa las fantasías. Pero….es “un donjuán” y si jugamos en su juego debemos tener clara la etimología de esta palabra. Pese a todo esto, hay mujeres que se enamoran de ellos, llegando incluso a “perder la cabeza”…

“Me lo dijeron mil veces, pero nunca quise poner atención, cuando llegaron los llantos, ya estabas muy dentro de mi corazón. Te esperaba hasta muy tarde, ningún reproche te hacía, lo más que te preguntaba, era que si me querías…. Sin que tú notaras la cruz de mi angustia solía cantar: “Te quiero más que a mis ojos, te quiero más que a mi vida, más que al aire que respiro…eres mi vida y mi muerte…no debía de quererte, no debía de quererte, y sin embargo, te quiero….”

Para referirnos a estas mujeres nos centraremos en el concepto empleado por el terapeuta familiar Robin Norwood, el de “las mujeres que aman demasiado” (1985). La raíz de este concepto viene luego de que Norwood trabajara por años con esposas de todo tipo de adictos (al alcohol, al trabajo, a las drogas, al sexo, al juego). Para él, estas mujeres pasan a convertirse en adictas a estos hombres adictos.
Una mujer que ama demasiado determina sus relaciones “en base a la necesidad de ser necesitadas”. Buscan personas a las que puedan cuidar y ayudar. Tienen poca conciencia de sus necesidades y de sus deseos, porque están centradas en los deseos y necesidades del otro, así como en buscar distintas y nuevas estrategias para “cambiarlos”, para “salvarlos”, ya que están seguras de que si ellos cambian, ellas obtendrán como recompensa, su anhelado amor.
Creen en este cambio, y creen que de ellas depende, y es por esta razón que justifican y perdonan, llegando incluso a culparse a sí mismas por las actitudes de ellos.
A la base, hay carencias importantes que las han llevado a construir un concepto errado del amor. Creen que no merecen ser amadas, tienen un autoconcepto muy deteriorado y una autoimagen negativa. Dependen de su pareja para lograr una sensación de valor personal, y no tienen la facultad de relacionarse en planos de igualdad.
Temen tanto al abandono y a la soledad, que son capaces de soportar denigraciones y abusos. Finalmente sus estrategias de autoengaño y el mecanismo de defensa de la negación terminan por anularlas.

“Si un individuo es capaz de amar productivamente,
También se ama a sí mismo,
Si sólo sabe amar a los demás,
No sabe amar en absoluto”
(Erich Fromm en “El Arte de Amar”, 1956)
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Autoras del Artículo: Paula Pérez, Andrea Florenzano
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